La felicidad de las vacaciones

La felicidad de las vacaciones

La vida se construye en momentos y la felicidad se consigue sumando segundos. Yo soy de las que piensa que la felicidad no es un estado permanente, sino que existen segundos de absoluta felicidad que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón, porque esos segundos se vuelven anécdotas que nunca dejamos en el olvido y generalmente, muchos de esos momentos de felicidad sucedieron en las vacaciones; casi siempre en las vacaciones de la niñez.

No había una mejor sensación que la de ir al colegio el último día de clases, porque ese día, al final de la tarde, empezaban oficialmente las vacaciones y llegaba el momento de cambiar los cuadernos, por toda clase de juegos.

Cada día hacíamos algo distinto y una de mis actividades favoritas, era cuando un hermano mayor, un tío o un papá, usaba telas plásticas, agua y jabón para convertir el parque de siempre en la mejor pista jabonosa que nos permitía lanzarnos por ella a toda velocidad, llenos de risa y emoción.

Otras veces, casi siempre en la noche, nos tomábamos una de las calles del barrio y la convertíamos en el campo perfecto para todos los juegos que se nos ocurrieran: empezábamos jugando escondites y encontrábamos siempre lugares nuevos para que aquel con la mala suerte de tenernos que buscar, no llegara nunca a nuestro lugar secreto, del que teníamos que correr a toda velocidad si queríamos llegar a “la base�� antes que él, para que de esa forma nos salváramos de ser los próximos en buscar. Si nos aburríamos del juego, tomábamos una pelota que podía servir para jugar fútbol, ponchado (como le llamamos en Colombia al dodgeball), o para derribar una torre hecha con rocas de la calle que se desencadenaba en otro juego de niños que podíamos disfrutar por horas.

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Si teníamos la suerte de vivir en un lugar con muchos árboles o de visitar una finca con amplias zonas verdes, hay algo que no podíamos dejar de hacer: construir con nuestros amigos una casa en el árbol, hecha de ramas, hojas, palos y lo que ese lugar nos pudiera ofrecer. No importa que la casa no tuviera demasiado espacio ni mucha resistencia, lo importante es que la habíamos construido nosotros mismos y ese era el lugar para contar las mejores historias de terror cuando llegara la noche.

Así como estos, podría recordar decenas de juegos y actividades que seguramente, todas disfrutamos. Por eso ahora que se está acabando el año, llegó el momento de pensar qué vas a hacer con las vacaciones que se avecinan y si prestaste atención a lo que dijimos antes, puedes ver lo poco que necesitas para pasar unos días de vacaciones completamente feliz.

Si este artículo te trajo tantos recuerdos como a mí, deja un comentario contándome tus mejores recuerdos de las vacaciones y revivamos esos momentos de tanta felicidad.

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