Redefiniendo
la palabra seducción

Redefiniendo la palabra  seducción

Hay palabras que podemos definir, sin pensarlo siquiera un segundo, porque las tenemos ya profundamente grabadas en la memoria; las palabras son las mismas para todos, pero para cada una de nosotras, significan algo distinto: ¿gato? felino peludo que me despierta todas las mañanas; ¿tacones? el centímetro que me hacía falta; ¿felicidad? papas a la francesa extragrandes.

Eso mismo pasa con la seducción. Hay quienes sostienen que la seducción, es usar lápiz de labios color rojo escarlata; que es un vestido negro con escote en la espalda o que es ropa interior en encaje de flores. Pero si uno se pregunta ¿la seducción siempre involucra a otra persona? ¿Siempre seduzco a alguien?, entiende que no, que la seducción es una actitud, un poco de la belleza que llevamos por dentro, en el alma y que cuando se destapa, hechiza.

Sabemos que detrás de los labios rojos, está el beso, la palabra, la verdad que sale del alma. Que un escote en la espalda no es un escote en la espalda: es la delicadeza de las líneas más finas, de las formas más bellas y que un encaje casi invisible, es apenas una insinuación, un parpadeo que solo deja ver el fragmento que nosotras mismas nos permitimos revelar.

La seducción es un estado mental que se vale del cuerpo para hacerse palpable. No son los ojos, es la chispa en los ojos; no son los labios, es la voz que sale por los labios; no es el vestido corto, son las formas que se dibujan a cada paso que damos; no es el pelo largo, son los sueños que viven y salen de tu cabeza.

La seducción no es del cuerpo, es del alma.


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